Momentos - Revista VINICIUS

A los “mosqueros” –como algunos nos denominan– no sólo nos interesa pescar sino también disfrutar del entorno natural. Es en este ámbito donde podemos practicar lo que nos gusta, allí donde la naturaleza ejerce un atractivo fundamental y nos abre las puertas a un mundo lleno de experiencias enriquecedoras logrando que, muchas veces, pase a segundo plano engañar al pez y capturarlo.

Puerto Lussich

Para que esta actividad sea plena es imperioso proteger el medio ambiente, porque de él depende no sólo la pesca con mosca actual sino también la venidera. Cada futuro pescador debe tener iguales o mejores oportunidades que los pescadores de hoy, y esta es una responsabilidad compartida entre los actuales pescadores y las autoridades que deben elaborar mejores reglamentaciones y legislaciones para ser cumplidas por todos durante todo el año. El objetivo principal es respetar el entorno natural para que los “momentos” de la pesca con mosca sigan siendo mágicos.

Las relaciones humanas son otro regalo que recibimos y es en ese momento que la camaradería, la amistad y el compañerismo ganan protagonismo, permitiendo a los pescadores disfrutar de una práctica donde la competencia no tiene lugar. De esta manera, abuelos, padres, amigos y guías trasmiten sus conocimientos y experiencias para que las próximas generaciones continuen con la búsqueda de sus propios momentos.

Filosofía elemental

Poco se ha escrito sobre los momentos de esta actividad sin embargo algunos pudieron reflejarlos en imágenes, como Diego Ortiz Mujica en su libro Fly Fishing Moments, donde el pez no es el actor fundamental de la pesca sino el pescador y su entorno. En su obra en blanco y negro valoriza la experiencia recreativa y refleja la amistad que reina en la pesca con mosca. Este fotógrafo-mosquero argentino eligió a Mel Krieger –recientemente fallecido– como el mejor exponente de la pesca con mosca en Argentina, aunque sea extranjero. Y no se equivocó. Mel, así lo llamamos quienes lo conocíamos, eligió nuestro país como su segundo hogar y aquí brindó su eterna calidad humana dejando muchos legados, entre ellos: valorizar los momentos.

Puerto Lussich

Recuerdo a principios de los 90 mi primer examen como instructor de pesca con mosca en la Argentina. Jorge Donovan –a quien le debemos mucho por haber instalado el principio de la pesca y devolución– y Mel analizaban mi precario nivel técnico en la costa del Río Chimehuin. Esa tarde sentí que había otro mundo que desconocía, y Mel me lo presentó cuando, sentados en la costa, me dijo: “Ahora es el momento de que aprendas la filosofía de esta actividad”. Me habló del respeto al medio ambiente y la devolución de todas las especies a su medio natural con el menor daño posible y también de incorporar conductas amigables y respetuosas fuera y dentro del río, allí donde los momentos de la pesca con mosca ejercen su esplendor.

Gracias a Mel entendí que se necesita mucho más que una buena técnica para poder enseñar. Aprendí que a través de la pesca con mosca nos enriquecemos al mejorar las relaciones humanas y ambientales.

Vida al natural

La calidad de la experiencia recreativa es un valor superior al mero hecho de vincularnos a los peces por medio de una línea. El pescador no puede dejar de lado la relación con el pez y todo lo que lo rodea. En este sentido Adolfo Bioy Casares en su cuento “Bajo el agua” –en el libro Muñeca rusa– crea una relación amorosa entre los salmónidos y nosotros. Sin duda el amor y su búsqueda es un momento que mucho tiene que ver en esta actividad recreativa. Como decía Mel, “muchos de nosotros esperamos encontrar algún día a la vuelta de un rio una sirena que nos lleve a una experiencia soñada”.

Bioy, quien visitaba el Lago Quillen en su juventud, cuando decidió escribir el cuento “Bajo el Agua” me llamaba asiduamente para que le haga recordar los lugares que él había conocido años atrás. En esas conversaciones que sostuvimos le llamó la atención que yo ya practicara la pesca y devolución de todos los peces (salmónidos), y me manifestó que éste sería un excelente tema a incorporar en su historia de amor. A todos los pescadores le recomiendo la lectura de ese cuento.

Por eso la relación amorosa también es otro momento de la pesca con mosca: la búsqueda, el placer, la devolución a su lugar con el menor daño posible, la sorpresa del encuentro, el compartir, la ansiedad, los nervios, la pérdida, la frustración, la imaginación y la búsqueda nuevamente de esa u otra relación, mucho tiene que ver con las historias de los pescadores en su vida amorosa.

La sensación de sorpresa y desconocimiento que hay detrás de cada pique es un elemento más de esta magia, no saber qué es lo que hay en la punta de la línea genera parte de la adrenalina.

Busco la lentitud de la pesca con mosca. Moverse despacio nos da la posibilidad de observar mucho más y también de eso se trata: observar no es lo mismo que mirar. Aprender a observar es pasar más tiempo en el agua y en esos momentos vale la compañía de un guía que nos enseñe a contemplar una totalidad en detalle.

Y así los momentos se irán multiplicando.

Ustedes habrán notado que no vinculo a la pesca con el deporte, porque para mí es una actividad recreativa y el deporte una competencia entre seres humanos y no contra los peces.

Muchas cosas pasan a nuestro alrededor en un ambiente natural, por eso, necesitamos más tiempo de estos “momentos” para ir entendiendo de qué se trata. Si no lo hacemos puede que la sirena la encuentre otro…

Por Mario Lussich

Volver
www.marisadipalma.com.ar